Aprendí el valor de la vida, el misterio del amor.
También encontré en aquellas manos el paso del tiempo.
Las huellas del trabajo, el calor y la sensibilidad de quien me ama.
Porque no hay amor más grande y sincero que el amor,de una madre.
Benditas sean todas las madres y el fruto de su vientre.
Néstor Salgado
No hay comentarios:
Publicar un comentario